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Prueba BMW M5 E60, motor V10 de 507 CV

La prueba del BMW M5 E60 V10 era deseada por muchos motivos. El primero de ellos salta a la vista. Motor V10 de aspiración natural, 5.0 litros, 507 caballos de potencia. Números de auténtica locura para una berlina que busca llevar a sus ocupantes con el mayor lujo posible. El segundo motivo tiene que ver con la propiedad del modelo, siendo un auténtico fanático de la marca y un apasionado de los coches asiduo a nuestras rutas.

Motor V10 de 507 CV

Pero empecemos por el principio. El BMW Serie 5 E60 llegó al mercado en 2003 y se mantuvo hasta el final de la década. En estos años la marca sorprendió a todos lanzando un BMW M5 que montaba un motor heredado de la Fórmula 1. Sí, habéis leído bien, ¡de la Fórmula 1! Con él el modelo era capaz de llegar a los 507 caballos de potencia y los 520 Nm de par, unas capacidades que lo colocaban como un auténtico misil para viajar por Autobahn.

Y a primera vista no parecía ser el monstruo que realmente era. Su estética no cambiaba demasiado respecto a la de un BMW Serie 5 con kit M. Su carrocería contaba con unos paragolpes más musculados, entradas de aire más grandes y una cuádruple salida de escape a ambos lados de un paragolpes con una abertura enorme para favorecer la aerodinámica. Al margen de ello, parecía que estuviéramos ante un Serie 5 más.

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Y no, no era así. Este modelo alcanzaba los 100 km/h desde parado en solo 4,7 segundos y firmaba una velocidad máxima de 250 km/h limitada electrónicamente. Pesaba 1.830 kilogramos y se movía gracias a la fuerza que le llegaba de las ruedas traseras. Con todo ello, contaba con 500 litros de maletero y una configuración de berlina tradicional con tres plazas traseras en las que podían viajar tres personas.

prueba bmw m5 e60

Subido en él, y rozando con sutileza el motor, las sensaciones son las de ir en una berlina de grandes dimensiones. Confort, buena rodadura, espacio… ¡Lo de siempre! Pero, es curiosa la transformación que se produce al pisar a fondo el acelerador. Los 507 caballos de potencia no salen catapultados a la primera pero desde un rango de revoluciones bajo este deportivo con piel de cordero te pega al asiento y no te deja que te levantes hasta bien entrada la zona roja. Aquí no hay turbos, aquí no hay contemplaciones. Solo motor, solo potencia.

El corazón V10 se comporta como esperamos. Tiene una amplia entrega de potencia y no desfallece. Más bien desfalleces tu intentando mantener la calma cuando aceleras con contundencia y ves como el motor sigue girando sin miramientos. El eje trasero se esfuerza para contener todo el par y toda esa potencia, y tu tienes que vértelas con el volante si desactivas los controles.

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En este sentido el BMW M5 te brinda diferentes maneras de conducir. Puedes viajar con 400 caballos de potencia en una conducción sosegada y tranquila. O bien puedes seleccionar la opción más radical, obtener sus 507 caballos de potencia y encomendarte solo a tus manos, sin asistencias. La parte buena de todo esto es que este coche se llega a comportar con nobleza. No busca que te salgas de la carretera a no ser que le busques demasiado las cosquillas. Quiere que lo pases bien, y pese a su tamaño, nada contenido, no hace ascos a dibujar las curvas con la zaga.

El conjunto está gobernado por una caja automática SMG, la única pega del modelo. Es un cambio brusco, nada rápido que te obliga hacer kilómetros para conocer. Si te lo propones puede ser un gran aliado para ti, pero en un primer contacto no da una respuesta demasiado apetecible. Aunque también hablamos de un coche lanzado hace más de una década.

 

Redacción – Quique León @quiqueleon4

28/07/20

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