El concepto del superdeportivo va más allá del que describe un deportivo tradicional. Ingenieros, diseñadores, especialistas; todos trabajan a una, todos buscan una sola cosa, conseguir el mayor rendimiento. El Audi R8 de primera generación, al que nos hemos subido para ofreceros una prueba, lleva en su ADN la pasión por los deportivos que ha desarrollado Audi Sport todos estos años y la ilusión de crear un superdeportivo capaz de mirar de tú a tú a los Ferrari, Lamborghini y compañía.
Basado en la plataforma del Lamboghini Gallardo el Audi R8 es un superdeportivo de motor central y tracción total. Comparado con el italiano podríamos pensar, en un primer momento, que el italiano tiene todo para ganar la comparativa. Pero no es así, y para prueba las ventas. En 2012, con tres años menos de comercialización respecto al italiano, ya se habían vendido casi el doble de unidades de Audi R8 que de Lamborghini Gallardo.
El Audi R8 de primera generación nació en 2006 y 8 años de producción se vendieron más de 26.000 unidades. Nadie duda que este superdeportivo ha marcado la historia de la marca de los cuatro aros, la misma que osó poner en el tablero un digno rival para lo superdeportivos de motor central del segmento. Con una nueva generación en el mercado el diseño del primero Audi R8 sigue enamorándonos, con un perfil con la forma de una flecha que se dirige a nosotros violentamente.

Lo cierto es que la primera vez que vi el Audi R8 de segunda generación no logró convencerme en absoluto. Las formas redondeadas del primero me parecen más atractivas, más esbeltas y, en resumen, más bonitas a la vista. Y es que las nuevas corrientes de diseño, con líneas rectas y aristas bien marcadas, no hacían sentir tan bien al Audi R8 como los trazos de la primera generación.
En el habitáculo se notan que han pasado los años, pero sigue respirando ese aroma tan especial. Hablamos de un aroma que no nos recuerda a ningún otro Audi, ni siquiera a un Audi RS. Sí, por supuesto la botonería y ciertos elementos son exactamente iguales, pero la distribución y el cuidado por hacer sentir especial al conductor y a su acompañante, son especiales.
Mirando en su parte trasera, donde está ubicado el motor de este superdeportivo, encontramos un V8 de 4.2 litros atmosférico. En el Audi R8 de primera generación estaban disponibles dos motorizaciones, la ya mencionada y la V10 de 5.2 litros. Pese a que esta última era la favorita no podríamos cometer el error de despreciar al motor “más pequeño”, y es que hablamos de un V8, el motor más popular en la historia del automóvil.

Precisamente, este V8 de 4.2 litros y 430 caballos de potencia es el mismo que utilizaba el Audi RS5 de pasada generación. Todos los amantes de Audi adoran este modelo por su espectacular motor atmosférico, y si adoran ese corazón tienen que adorar este pues estamos ante el mismo bloque.
El Audi R8 V8 FSI quattro firmaba una aceleración de 0-100 km/h en 4,6 segundos y una velocidad máxima superior a 300 km/h. Disfrutar de un coche con unas cifras como estas y el sonido de un V8 atmosférico acompañándote tras tu espalda como si de un escolta se tratara, pensar en que también montaba un V10 carece de sentido. Solo hay que apretar el acelerar a fondo para que todo pensamiento negativo se esfume.
En ese momento, apretando a fondo, nos damos cuenta que este motor te da lo que le pidas. Sube de vueltas con alegría y te da empuje en todo su rango, incluso acariciando la zona roja. Está lleno, tan lleno como tu pecho cuando en segundo pisas con decisión el pedal derecho. De gestionar las marchas se encarga la transmisión R-Tronic que estaba disponible en esta generación.

El Audi R8 de primera generación corre como un velocista, pero no diría que es la clave de este superdeportivo. Su tracción total de serie es lo que define a este coche, eficaz en todo momento. No parece que puedas importunarlo en ninguna situación, y es que solo un piloto en un circuito podría acariciar sus límites, si es que los tiene. Quizás lo más complicado de gestionar sea su duro tarado y su dirección directa, configuración que te exige estar pendiente de la trayectoria.
Pero no es mi coche. No me malinterpretéis, todos soñamos con tener un Audi R8 en nuestro garaje. Pero no es el coche que elegiría para divertirme. Soy admirador de los coches que te lo ponen difícil, los coches que te retan en cada curva. En R8 es un coche de Scalextric, «va sobre raíles». Hace lo que le pides que haga sin rechistar, sin salirse del guion. Aunque, es bien cierto que le sería infiel a todos esos coches puramente pasionales con el Audi R8.



