La prueba del Ford Mustang V6 3.7 Cabrio, como todas las que tienen el cielo como techo, fue especial. Y lo fue por varias razones. Llevábamos un día de locos. Acabábamos de bajarnos de un Ford Focus RS (aquí tienes la prueba) y teníamos que viajar a Torremejías en busca de este espectacular Mustang. El día no nos dejaba demasiadas horas más de luz pero no podíamos perder la oportunidad de probar este coche. Y es que, la versión Cabrio de este modelo nunca había pasado por nuestras manos.
El Ford Mustang es un coche especial se mire por donde se mire. Nació en 1964 y desde entonces ha servido de imagen para la marca. Desde que el gran Lee Iacocca propusiera este coche al máximo dirigente de la marca Henry Ford II el modelo ha evolucionado hasta estos días, en plena incursión en nuestro continente. En este caso nos encontramos con una unidad importada con motor V6 de 3.7 litros, una motorización no disponible en nuestro país.
La configuración es realmente interesante. Color negro para cubrir la carrocería y un vinilo en rojo que cubre todo su cuerpo. Los asientos combinando ambos tonos, un interior que no derrocha calidad pero que cuenta con una correcta calidad percibida. Y es que, lo más interesante de este modelo es el contenido precio al que se vende. No encontrarás otro deportivo tan potente por un precio así.
Prueba Ford Mustang V6 3.7 Cabrio: motor y sensaciones
Rápidamente descubrimos la unidad quitando la capota. Arrancamos su V6, motor de 308 caballos de potencia y un par motor de 380 Nm. En España está disponible el bloque V8 de 5.0 litros Coyote con 420 o 450 CV dependiendo de la versión (prerestyling o postrestyling), también con 460 CV en el Bullit y una motorización 2.3 EcoBoost, que en un primer momento contó con 313 CV y actualmente ronda los 290 CV.

Este bloque tiene sonido, y tiene energía, aunque no te deje entusiasmado. En este coche es el conjunto el que consigue inspirarte. A cielo abierto, con este gran morro delante de nuestros ojos y un bramido de V6 atmosférico. La historia de un deportivo clásico, que no está creado para los circuitos, no al menos en esta versión, pero sí para disfrutar de la carretera, conectar con ella y aprovechar cada kilómetro.
Acelerar a fondo es una experiencia que acompaña con sonido. No te dejará pegado al asfalto pero sí sonriendo. Su caminar es confortable, no es un coche duro en ningún momento. Es amable con tu cuerpo y con tus sentidos, los cuales acompañan a un conjunto que tiene sus orígenes en los años sesenta y que no ha abandona su ADN.
Redacción – Quique León @quiqueleon4
02/10/20








