Nada menos que una versión Turbo ha llegado a nuestra sección de pruebas. Y es que, ese apellido nos trae sonrisas, ya sea en aquel magnífico Renault 5 Turbo como en diferentes variantes de la familia Porsche. La prueba del Porsche Panamera Turbo ha sido brutal. Y no tanto por la dinámica en sí del coche, sino por su sonido y su bruta aceleración. Creedme, acelera de manera muy… pues eso, bruta.
Estamos ante una unidad, que por cierto nos cede JC Sportcars, que enseña la versión de primera generación postrestyling. Con ella la marca diseñó un nuevo grupo óptico con el que ganó en elegancia y deportividad. Y es que no podemos olvidarnos que el Porsche Panamera pelea en un segmento en donde la elegancia es el tono predominante, aunque en algunos modelos el acento deportivo sea destacado, como es el caso.
El Panamera cuenta con esa estética de berlina deportividad de tipo coupé en las que el parabrisas trasero se coloca muy inclinado. Pese a ello, y gracias a sus cinco metros de largo, un ocupante está tan cómodo en la parte delantera como en la trasera, con cuatro plazas muy espaciosas en las que disfrutar del viaje.
Metiéndonos de lleno en el interior, sin antes olvidar mencionar las enormes llantas de 22 pulgadas que calza, nos encontraremos con un habitáculo donde sobran los botones. Y sobran ahora, porque antes la marca estaba muy convencida de ellos. En un avión de combate no sobrarán, aquí sí, y fíjate que odio esa nueva forma de hacer interiores donde no hay botones ni para el climatizador.

Porsche mantenía aquí eso de “un botón para cada función”, una manera de hacer interiores que ya ha cambiado. Lo que respiramos en este habitáculo y seguimos haciendo es la calidad percibida de todos los interiores de la marca. Tanto en piezas, como en materiales de objeto estético o molduras.
Centrándonos en la versión Turbo, la diferencia con el resto de versiones en cuanto a interior no son muchas. Vemos la firma Turbo en el cuadro de instrumentos y poco más. Si bien, tenemos opciones como la de bajar la altura, que nos brinda la suspensión neumática, o el ajuste del sonido del escape. La dureza de la suspensión o los modos de conducción que vemos en otros modelos también están presentes.
Arrancamos y un estruendo se cierne sobre nosotros. El motor V8 de 4.8 litros y 519 caballos de potencia ha despertado. Lo hace además con alegría. No importa que sea una berlina de aires serios, es un Porsche y quiere seguir siéndolo. Completando el conjunto encontramos tracción total y su caja de cambios PDK de siete velocidades, una transmisión de doble embrague a la que le acompañan halagos en cada coche que completa.

Golpe de acelerador y estamos a 100 km/h en solo 4,1 segundos, esta es la cifra que declara en la prueba de aceleración. Lo cierto es que la aceleración es contundente, te deja pegado al asiento sin que puedas respirar por unos segundos. Y todo ello en un contexto de berlina a la que le gusta hacer kilómetros en autopista, notándose su peso de dos toneladas en curva. Te sorprende su dinámica, pero siempre teniendo en cuenta que no es un 911.
En contra está su pulsador a modo de levas. Dos botones en la parte delantera y dos en la parte trasera del volante para gestionar el cambio. No me gusta ni me parece práctico, además de restarle deportividad incluso estéticamente. Eso sí, por ejemplo, su suspensión, en modo deportivo es notablemente menos cómoda que en un modo más confortable.
Si tienes una desahogada cuenta corriente no tendrás problema para hacer frente a su coste de adquisición, pero sobre todo su mantenimiento. Con estas llantas, este motor y un emblema como el de Porsche en el frontal, los billetes volarán como aquel amor de juventud.
Redacción – Quique León @quiqueleon4
12/11/20



